Por: Manuel A. Rodríguez Yong

Me gustaría conversar con ustedes sobre un tema que es bastante escabroso, y el cual en muchas ocasiones se ha hablado bastante, quizás no lo necesario, o quizás no se ha tenido la posibilidad de que un tema como este llegue a diversos sectores de la población. Creo que hablar de fundamentalismo en medio de este contexto que estamos viviendo y cuando hablamos además de diversidad en todos los sentidos y sobre todo en cuanto a la diversidad sexual, creo que es importante tratarlo. Quizás muchas personas han escuchado hablar sobre este término y no tienen una noción clara de que se trata.

Fundamentalismo es el nombre que recibe una corriente ideológica, religiosa o política que promueve la interpretación literal de sus textos y esa interpretación incluso va por encima de una interpretación contextual, bien sea por posición intransigente o demasiado estricta de esa doctrina o práctica establecida, por lo que el fundamentalismo considera a un determinado libro como autoridad máxima ante la cual no hay palabra o autoridad que pueda revocarla. Incluso consideran los fundamentalistas que es tanta la autoridad de ese libro o libros que recogen sus fundamentos, que debía imponerse por encima de las leyes de cualquier sociedad democrática.

Cuando hablamos de fundamentalismos creo que hay varias palabras que vienen directamente a la mente: intransigencia, intolerancia, imposición. Sé que muchos se pueden preguntar de dónde viene el fundamentalismo, cuál es su raíz. Historiográficamente se puede buscar y está al alcance de todos, pero hace algún tiempo escuchando al P. Jorge Cela, un sacerdote jesuita cubano, este hablaba de que la raíz de una corriente como esta se da en el miedo que provoca en cualquier sociedad o cualquier sector de la misma. Y esto resulta sumamente interesante porque al tener como raíz esencialmente el miedo, lo que surge de este miedo es intolerancia. Al tener miedo, al sentir inseguridad se busca una roca donde asirse, algo donde se puedan construir esos fundamentalismos, esas verdades absolutas que puedan justificar cualquier acción. Partiendo entonces de esa raíz, de esa actitud de inseguridad profunda que afirma el P. Cela y que surge del miedo. Por tanto, si esa es la raíz que produce inseguridad e intolerancia pues quien la padece puede resultar en alguien fácilmente manipulable.

El fundamentalismo es una intolerancia hacia lo que otros piensan. Viene de ese miedo producido por una inseguridad grande. Si vamos a las raíces del fundamentalismo vemos que, aunque se asocie casi siempre con la religión, en realidad guarda más relación con el poder que con la propia religión porque la inseguridad viene muchas veces de la mano de la falta del poder, del sentimiento de la falta de poder y también de la búsqueda del poder.  Pero ¿por qué se relaciona tanto con la religión? Pues no es una casualidad ni una manipulación. Es porque nace de la necesidad de sacralizar las verdades que nos dan mucha seguridad. Entonces ese movimiento de sacralización de las verdades del individuo inseguro produce una seguridad que le da fuerzas para afirmarla contra viento y marea. Por eso es que los fundamentalismos, nacidos se esas inseguridades y miedos tienden a sacralizar las actitudes y las verdades que muchas veces se defienden y ese si es el que tenemos fácilmente manipulable y racionable con la religión.

En el mundo moderno hay muchas razones para actitudes de inseguridad, aparte de la inseguridad personal o también psicológica que tenemos todos y que aumenta muchas veces con las experiencias de vida que ha tenido cada uno, pero que resulta una experiencia que quizás hemos experimentado todos en algún momento y es la inseguridad ante la vida, pero cuando hablamos de fundamentalismo y religión en este caso habría que pensar cuantas religiones han provocado guerras religiosas, justificando las guerras y la muerte con esa visión que se ha tenido en algún momento sobre alguna verdad absoluta y que había que imponerla al resto de aquellos que veo diferente a mí. Por lo tanto, es una búsqueda de seguridad que provoca la guerra. Si pensamos en la historia podemos ir dese las cruzadas hasta momentos más recientes con movimientos fundamentalistas islámicos y actos terroristas que han sido provocados por esos fundamentalismos religiosos.

La entrada a la modernidad puso a muchas religiones en jaque porque muchas de ellas quizás se sintieron perseguidas, inseguras y por tanto buscaron seguridades que fueron traducidas en actitudes más dogmáticas, más relacionadas con la práctica de ritos, de autoritarismos para buscar esas seguridades que sentían que estaban perdiendo. Pero sucede algo trascendental y lo es no solo para, en este caso, la Iglesia Católica, sino para la propia historia de la humanidad y de esa relación de la fe para con la sociedad y el mundo y me estoy refiriendo al Concilio Vaticano II, el cual plantea un cambio ante la modernidad. No una actitud de defensa y de búsqueda de seguridades sino una actitud de dialogo, de apertura, de perder el miedo a lo diferente y asumir ese proceso de lo diferente. Es algo que sin dudas vino a cambar totalmente la vida de la iglesia en ese momento y que aun todavía sigue teniendo muchísima vigencia. Hay muchas cosas del concilio que se siguen impulsando desde dentro de la iglesia y desde la actitud de varios pontífices a lo largo de estos años.

Viéndolo de esa manera, la iglesia se dio cuenta de que hay dos maneras de relacionarse con el otro, dos maneras de plantearse una identidad propia y que parte del sentir que el otro es lo que yo no soy o sentir que el otro es alguien que está en relación conmigo y ahí cabría preguntarse hablando de esa identidad: es la relación del otro o es la relación con el otro. Serian dos maneras de plantearse esta identidad, pero ¿cómo nos planteamos la nuestra? ¿Nuestra identidad está marcada por el rechazo al otro, el rechazo a lo diferente, a lo que no soy capaz de comprender o percibir como verdadero o está marcada por una actitud dialogante, de intentar comprender, de intentar interiorizar y descubrir la diversidad y la autenticidad que hay en el otro? Son dos maneras de posicionarnos ante la vida y ante las cosas que nos suceden y que definirán nuestra actitud ante la vida y el contexto donde nos desarrollamos.

Lo otro que viene aparejado a esto es la construcción de la autoestima, que nos da seguridad como personas, como pueblo, como grupo social y nos ayuda a enfrentar los miedos que provocan los fundamentalismos. Por lo tanto, la autoestima, que va relacionada con aquello de que yo no valgo por lo que otro considera de mi, sino que valgo por lo que soy en realidad, el desarrollo de una cultura de la confianza y de la solidaridad, es algo que se crea desde la infancia, que surge del sentirse amado, seguro, en un ambiente familiar. Por eso es que la familia juega un rol importante y fundamental en ese ser social que está bajo su responsabilidad y que en parte su futuro va a depender de aquellas actitudes, de aquellas maneras que desde la casa se le eduque. Algo imprescindible para el futuro de una nación que debe ser inundada por hombres y mujeres de bien. Todos esos elementos que son pedagógicos, culturales, en algunos casos también religiosos, ideológicos ¿van construyendo culturas más propensas al fundamentalismo o más abiertas a la hora de enfrentar los peligros del fundamentalismo.?

Son algunas de las cosas que he ido pensando y que quería compartir con ustedes porque sin dudas muchas veces perdemos de vista de que vivimos en un estado laico, en un estado de derecho donde el estado debe responder a las necesidades, a las solicitudes de todos los sectores de la población, por muy minoritario que sea. Ya sea de una religión o de otra, con una identidad sexual u otra, con un color de piel o de otro, sin dudas el estado tiene que responder a cada uno de los derechos y las necesidades de todos los grupos poblacionales, no importa que este no esté de acuerdo con algo que se plantee, pero no podemos perder de vista la noción como país. No ganamos nada con imponer lo que pensamos, lo que creemos, a otros, al contrario. Las imposiciones casi siempre provocan rechazo, incluso muchas veces podemos estar de acuerdo con algunas cosas que se nos tratan de imponer y la actitud psicológica casi siempre es la de rechazar a aquel que está tratando de colonizar mi pensamiento o está tratando de colonizar mis actitudes o juzgando como soy, como me siento o como quiero ser.

Hay que tener en cuenta que mi libertad termina donde comienza la del otro. Hoy, esas actitudes dialogantes, de apertura, son cada vez más necesarias para la construcción de ese país que queremos, que cada día tiene que seguir sedimentada sobre el amor, porque creo que muchas de las actitudes con las que nos topamos en varias ocasiones y que van de la mano de ciertas corrientes fundamentalistas o de ciertas religiones que tienen una fuerte carga fundamentalista pierden la noción del amor. Si pensáramos desde el amor, si actuáramos desde el amor, juzgaríamos menos, amaríamos más y trataríamos de comprender muchas más cosas. Seriamos más tolerantes y eso es lo que creo que hoy les falta lamentablemente a muchos hermanos cristianos que no son capaces de aceptar las diferencias, no son capaces de decir no eres como yo, pero no tienes por qué serlo, porque si hay algo rico que tiene la creación es que Dios nos ha hecho muy diversos a todos. Ojalá que el futuro de este país sea uno de hombres y mujeres de bien en la que tengamos cabida todos. Una patria con todos, por todos y para el bien de todos

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