Autor: Yasmani Castro Caballero

Walterio Carbonell, quien naciera el 18 de enero de 1920, en el territorio de Jiguaní en la antigua provincia de Oriente, hoy Granma. Es sin duda uno de los intelectuales marxista y antirracista más prominentes de la segunda mitad del siglo XX. Cursó estudios en la Universidad de La Habana, donde entabló amistad con Fidel Castro. En los años 50 ganó una beca en París y allí en 1956 participó en el Primer Congreso de Escritores en París, junto al senegalés Leopold Sedar Senghor y el martiniqueño Aimé Cesaire, experiencia que lo marcaría intelectualmente. Además de protagonizar un publicitado incidente al colgar una bandera del Movimiento 26 de Julio en la Torre Eiffel, en vísperas la victoria de los rebeldes en la isla. Tras el triunfo insurreccional de 1959, Carbonell retornó a La Habana y se incorporó activamente en los debates ideológicos y culturales que caracterizaron los primeros años de la Revolución cubana. De formación marxista desde su juventud, era un profundo conocedor de la cultura afrocubana y, especialmente, de los ritos del Palo de Monte. En 1961 publicó Cómo surgió la cultura nacional, un ensayo de reinterpretación marxista sobre el papel de los esclavos negros en la historia y la sociedad cubanas.

Si situamos en una corriente de pensamiento a Walterio Carbonell, sin pensarlo mucho decimos que es marxista. Uno de los pocos negros que desarrolló una conciencia intelectual afiliada a esta corriente filosófica en Cuba junto con Sandalio Junco, otro intelectual poco conocido en Cuba y que podemos conocer de su impronta gracias al artículo “Hacia un marxismo negro en Cuba» del Dr. Julio César Guanche. Lo importante de su pensamiento es como situó  el marxismo en el análisis de problemáticas que esta propia corriente de pensamiento no había tenido concebido desde su inicio como el racismo. Esto lo había logrado también muchos años antes el intelectual martiniqueño Frantz Fanón, con su libro “ Piel negra, máscaras blanca». De cómo surgió la cultura nacional, es un libro que necesita un mejor análisis y ubicarse dentro de los clásicos del pensamiento cultural y filosófico en Cuba. La estructura del mismo empieza un análisis minucioso de nuestros orígenes culturales donde entran a jugar el negro esclavizado y traído de África y el español esclavista venido de la península Ibérica. En esta relación el autor va analizando las implicaciones culturales que tienen para el surgimiento de lo cubano y por ende la identidad nacional.

Hay que destacar que esta relación entre los hombres de España y África, Walterio la analiza desde su propia concepción antagonista. Donde está la mirada discriminatoria y colonizadora del esclavista. Como un elemento de máxima importancia para entender los propios imaginarios sociales que se van estableciendo desde el período colonial y que repercuten todavía en esas falsas ideas sobre África, los africanos y sus descendientes en esta parte del llamado “nuevo mundo»:

África se convirtió en una palabra molesta para toda la llamada gente culta. Era una especie de Babilonia cuyo nombre evocaba la concupiscencia en su doble sentido, en el de la lujuria y en el de los apetitos de bienes terrenales practicados por todos estos fariseos en las plantaciones e iglesias con los hijos de África. Hicieron del varón un bien, una cosa terrena, objeto de comercio, una mercancía, y de la hembra, un objeto de posesión doble, de posesión para el trabajo y de posesión sexual.

En un segundo momento el pone al descubierto las propias debilidades de la sociedad dominante al plantear como sus posiciones son endebles y como está misma sociedad de forma hipócrita se deja influenciar por las propia religión  y prácticas culturales de los negros que criticaban. Otro elemento es la forma colonialista en como hemos entendido y analizado la historia nacional, centrando sus críticas en la idea de tener como hombres paradigmáticos a Arango y Parreño, José Antonio Saco  y José de la Luz Caballero por considéralos unos esclavistas empedernidos:

Es por todas estas razones que el siglo XIX necesita revisión. Dioses de barro superviven como una realidad en la conciencia de nuestro pueblo revolucionario. Figuras oscuras, esclavistas de la peor especie, como Arango y Parreño; esclavistas atormentados como José Antonio Saco y Luz Caballero, enemigos de las revoluciones y de la convivencia democrática, han sido elevados a la categoría de dioses nacionales por los historiadores, profesores y políticos burgueses.

En esta parte, aunque este de acuerdo con el autor, es necesario ver que su análisis en un poco críptico. Porqué es verdad que no es necesario tener a estos hombres elevados a un panteón nacional pero si es necesario, tenerlos en cuenta para entender el devenir histórico del pensamiento cubano y por ende de la concepción de su nacionalidad. Es bueno tomar a Arango y Parreño, Saco y a Luz y Caballero en su tiempo porque ellos son el reflejo del momento histórico que le tocó vivir. Donde la esclavitud dentro de la sociedad era una cuestión normal. Por mucho que hagamos e intentemos criticarlos con respecto a esta cuestión el análisis siempre será incompleto porque nunca se puede separar a los hombres del contexto histórico social del cual vivieron o les tocó formal.

Con las ideas que Walterio ilustró para acabar este capítulo, se resume su posición ética ante el análisis de la Historia de Cuba, que se debía tener en la Cuba revolucionaria. Porque sólo en ese concepción se puede entender el presente y la labor ideológica que hay que realizar en las masas y las futuras generaciones que la Revolución estaba formado. Este pensamiento forma parte de esos debates ideológicos de principios del proceso que vivió el archipiélago cubano después de 1959, donde se debatía entre los diferentes actores intelectual en la aceptación o negación del pasado republicano y sus implicaciones con el colonial:

Y por otra parte, si las condiciones anteriores a 1868 entre los grupos de esclavistas y el sistema colonial español contribuyeron a formar la nacionalidad cubana, esto no quiere decir que los mencionados señores sean nacionalistas. Una cosa son las contradicciones clasistas dentro de un sistema social y otra las ideas que los hombres se forjen en torno a estas contradicciones. Una de las tareas del escritor revolucionario de hoy día es poner bien en claro nuestro pasado histórico. La claridad en nuestro pasado es una de nuestras grandes tareas revolucionarias en el aspecto ideológico

Según Walterio, el nacimiento de la cultura nacional pasa por el tamiz de nuestra historia y teniendo como importantes elementos los hechos y figuras que han conformado dicha historia. Pero siempre mirando de forma crítica a esos hombres blanco e incorporando el legado de África a partir de las diferentes etnias que llegaron a Cuba producto de la esclavitud. No mes posible entender ese aporte del hombre y mujer negro si pensamos que África es una sola. Es del análisis del conflicto cultura de estas dos grupos y de las dentistas cuestiones derivadas del mismo, es que puede entender el surgimiento de la cultura nacional. Como el refleja en a finales del capítulo:

Y por último, no hay por qué confundir las polémicas de tipo político entre los distintos bandos de esclavistas, con los problemas de la cultura nacional. No creo que nadie pretenda rescatar el contenido ideológico de esta polémica en la cual un bando se aferra al colonialismo español y el otro se esfuerza por hacer entrar a nuestro país bajo el colonialismo yanqui. Estas dos posiciones colonialistas son enemigas del hecho nacional; combate el movimiento antiesclavista, no sólo el dirigido por los esclavos y los negros libres como Aponte, sino que son enemigos además de las conspiraciones lideradas por los burgueses liberales, como la llamada de “Rayos y Soles de Bolívar”, en la que estuviera comprometido el poeta José María Heredia. Reformistas y anexionistas, o sea, los colonialistas a la española y a la norteamericana, son enemigos de todo movimiento revolucionario que ponga en peligro el sistema esclavista y en consecuencia frenan el desarrollo de la Nación y la cultura nacional.

Waleterio considera que todo este análisis debe estar acompañado con las diferentes problemas que empiezan a influenciar a la cultura. Esta forma aparejado al análisis dialéctico de un pensador marxista como él. Es en este libro que se puede ver su compromiso social que estaba unido a los más desposeído pero con énfasis en la problemática racial existente en Cuba. De cómo surgió la cultura nacional es un libro imprescindible del pensamiento marxista cubano que no ha sido lo suficientemente valorado por la academia cubana. Su trascendencia radica en demostrar la violencia de las relaciones raciales y como la misma ha sido importante en la conformación cultural cubana.

A manera conclusión podemos situar a Walterio Carbonell, como uno de los pensadores cubanos marxista con una importante impronta que aún es desconocida  y es en su libro de  Cómo surgió la cultura nacional donde alcanza su vuelo más alto como teórico de la cultura e intelectual marxista. Aunque fue un libro escrito a principios de la década del sesenta del pasado siglo XX, sigue teniendo su impronta en nuestra realidad debido que muchas de las problemáticas que plantea siguen presente en los contexto actuales como la situación racial implicada en la cultura, un tema tan debatido en la Cuba contemporánea.


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